miércoles, 4 de agosto de 2010

"Se ha dicho que la respuesta guarda relación con la parálisis psicológica, con la absoluta incapacidad que tiene una mente 'normal' para imaginar, y por consiguiente conceder crédito eficaz, a las enormidades de la circunstancia y la necesidad. Incluso aquellos -y debieron ser pocos- que alcanzaron a creer que las noticias procedentes de Europa oriental eran auténticas, que millones de seres humanos estaba siendo metódicamente torturados y gaseados en pleno siglo XX, lo hicieron en un plano abstracto, como cuando damos crédito a un elemento de doctrina teológica o a un hecho histórico sucedido en un pasado remoto. Las creencias no cuentan. Somos homo sapiens pos-Auschwitz porque las pruebas, las fotografías del océano de huesos y empastes de oro, de zapatos infantiles y de manos que dejaban negros arañazos en los muros de los hornos, han alterado nuestro sentido de las acciones posibles. Si volviésemos a oír murmullos procedentes del infierno sabríamos interpretrar las claves; el carácter de nuestras esperanzas se ha vuelto más suspicaz.
·····Éste es obviamente un argumento importante, en particular si lo hacemos extensivo al problema del conocimiento que tenían los alemanes sobre lo que estaba pasando y a la aún más desagradable cuestión de que los judíos aparecieran desprevenidos, incrédulos e incluso, en un cierto sentido pasivo o metafórico, anuentes con la masacre. La tierra de Treblinka contenía, en un rincón del campo, 700.000 cadáveres, 'con un peso aproximado de 35.000 toneladas i un volumen de 90.000 metros cúbicos'."
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George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 182-183.

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