miércoles, 4 de agosto de 2010

"En la época en que eran exterminados 9.000 judíos al día, ni la R.A.F. ni las Fuerzas Aéreas estadounidenses bombardearon los hornos o trataron de volar los campos (como los Mosquitos, en vuelo rasante, habían abierto de par en par una prisión de Francia para liberar a los agentes del maquis). Pese a que los judíos y los polacos de la clandestinidad lanzaron súplicas desesperadas, aunque la burocracia alemana llevaba con muy poco secreto el hecho de que la 'solución final' dependía del transporte ferroviario, las vías que conducían a Belsen y Auschwitz no fueron bombardeadas. ¿Por qué? Se planteó la pregunta a Churchill y a Tedder. ¿Ha habido una respuesta adecuada? Cuando la Wehrmacht y las Waffen SS entraron en tropel en Rusia, la inteligencia soviética se percató rápidamente de la matanza en masa de los judíos. Stalin prohibió todo anuncio público del hecho. Aquí, una vez más, las razones son oscuras. Tal vez no desease la reactivación de una conciencia judía independiente; tal vez temiese un referencia implícita a sus propias políticas antisemitas. Fuera cual fuese la causa, muchos judíos que pudieron haber huido hacia el Este permanecieron ignorantes en la retaguardia. Más tarde, en Ucrania, las bandas locales ayudaron a los alemanes a acorralar a quienes se escondían en sótanos y bosques."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 173-174.

No hay comentarios:

Publicar un comentario