martes, 10 de agosto de 2010

"[...] 1914-1918 condujo a obras clásicas como No More Parades, de Ford Madox Ford, El fuego, de Barbuse, The Enormous Room, de Cummings, Adiós a las armas, de Hemingway, los ruidos de batalla y las actitudes civiles del último volumen de Proust. Las obras mayores que surgieron durante el segundo cataclismo son reportajes y testimonios inmediatos: Vuelo de noche, Hiroshima, de Hersey, el Diario, de Ana Frank, las Notas de la judería de Varsovio, de Emmanuel Ringleblum. Ningún poeta, ningún novelista ha podido hasta hoy dar a la realidad de los campos de concentración esa disciplina de perspicacia, de experiencia cabal que encontramos en el estudio sociológico de Bruno Bettelheim, El corazón bien informado.
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George Steiner. "Literatura y poshistoria". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003; pág. 426.

jueves, 5 de agosto de 2010

"En el guetro de Varsovia, un niño escribió en su diario: 'Tengo hambre, tengo frío; cuando sea mayor quiero ser alemán, y entonces ya no volveré a tener hambre, ni volveré a tener frío'. Y ahora quiero escribir de nuevo esta frase: 'Tengo hambre, tengo frío; cuando sea mayor quiero ser alemán, y entonces ya no volveré a tener hambre, ni volveré a tener frío'. Y decirla muchas veces, como plegaria por el niño, como plegaria por mi propia persona. Porque en el momento en que se escribió esta frase yo comía, más de lo que dicta la necesidad, y dormía caliente, y permanecía en silencio."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 192-193.
"Estos libros y los documentos que han sobrevivido no se escribieron para ser 'revisados'. No a menos que 'revisión' signifique, como quizá debiera en estos casos, 're-visión', una y otra vez. Como en alguna fábula de Borges, la única 'revisión' plenamente decente del Warsaw Diary o de La noche de Elie Wiesel sería la consistente en volver a copiar el libro, línea por línea, deteniéndonos en los nombres de los muertos y en los nombres de los niños como se detenía el escriba ortodoxo al copiar la Biblia en el santo nombre de Dios. Hasta que sepamos muchos de esos nombre de memoria (un conocimiento más profundo que el intelectual) y podamos repetir unos cuantos al clarear la mañana para recordarnos, a quienes vivimos después, que la noche puede traernos una prueba inhumana o una presencia más extraña que la muerte"
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 192.
"Ciertos judíos han dicho que Bergen-Belsen y Treblinka representan un momentáneo eclipse o locura de Dios; otros han hablado de la especial, y por consiguiente inescrutable, cercanía de Dios para sus elegidos de la cámara de gas y el tinglado de los latigazos."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 192.
"En un mundo en el que, como sucede en el cruel mito de Platón titulado Gorgias, los hombres tienen constantemente ante los ojos el calendario de sus propias muertes, los nazis introdujeron un mecanismo de mínima esperanza. 'Podrás seguir viviendo si haces esto o aquello a satisfacción nuestra.' Sin embargo, lo que se pedía hacer implicaba invariablemente una decisión tan espantosa, tan degradante, que disminuía aún más la humanidad de quienes la realizaban. El padre debía optar por dejar morir a su hijo; el kapo tenía que azotar con mayor fuerza; el informador debía traicionar; el marido debía dejar que su mujer fuera, ignorante de su destino, a los hornos crematorios, so pena de ser inmediatamente seleccionado. Vivir consistía en optar por reducir la propia humanidad.
·····Kaplan analiza exactamente este mismo proceso. El del conocido juego de los pases y las tarjetas de trabajo amarillo o blancas. ¿Cuál de ellos significaba la vida, cuál la muerte? O el de entregar tres tarjetas a una familia de cuatro personas, obligando a los padres y a los hijos a seleccionar a alguien de su propia sangre para el exterminio. La esperanza burlada puede destrozar una identidad con mayor rapidez que el hambre. Pero hambre también la había, y continuas torturas físicas, y la súbita cesación de toda intimidad humana."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 191.
"En Treblinka, con su incesante cadena de montaje de la muerte y su tecnología de destrucción de masas, con su falsa estación de ferrocarril y su fingido pueblecito teutón, con sus perros entrenados para lanzarse a los genitales de los hombres, y sus matrimonios oficiales entre judíos, la vida alcanzó un grado de desquiciamiento extremo."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 190-191.
"Por consiguiente, Treblinka utiliza la cronología del cine y la fotografía de un reportaje de la revista Time. Está repleto de diálogos memorables y de silencios dramáticos. Personajes reales e imaginados aparecen en episodios agrupados y llevados a su desenlace por un ojo obviamente experto (un Truman Capote exasperado hasta la furia). La vida mental de Kurt Franz ('Lalka') aparece presentada con matices que recuerdan a Dostoievski. Hoy no tengo la menor duda de que se produjeron todas estas escenas heroicas y monstruosas: de que padres e hijos se ayudaban mutuamente a suicidarse en los barracones, de que chicas desnudas se ofrecían a los kapos en un último esfuerzo por sobrevivir, de que los guardias ucranianos y los judíos condenados bailaban y tocaban piezas de música juntos en las calurosas tardes de verano en la abigarrada ý mortífera aldea construida por Franz. Sé por otras pruebas que el relato de Steiner sobre la orquesta sinfónica de Treblinka es cierto, que los combates de boxeo y los cabarets que describe fueron efectivamente una realidad, que un reducido número de hombres y mujeres judíos, acosados más allá de lo soportable, se acercaron voluntariamente hasta las puertas de Treblinka pidiendo ser admitidos y muertos. En la gran mayoría de los casos, la narración y el diálogo de Steiner se hallan firmemente basados en pruebas directas y documentales. Pero debido a que las pruebas son domeñadas por el talento literario del escritor, debido a que un narrador lleno de perceptible rabia y fuerza estilística se interpone entre el hecho desquiciado y la economía profundamente excitante, y por consiguiente, el orden, del libro, lo que se impone es una cierta irrealidad."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 189-190.
"Al ver cómo un alemán azota a un viejo buhonero en plena calle hasta matarlo, Kaplan escribe:
·····Es difícil comprender el secreto de este fenómeno sádico. [...] ¿Cómo es posible atacar a alguien que me es extraño, a un hombre de carne y hueso como yo mismo, herirle y pisotearle, cubrir su cuerpo de heridas, golpes y cardenales, sin razón alguna? ¿Cómo es posible? Y sin embargo, juro que he visto todo esto con mis propios ojos."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 184.
"Según J.-F. Steiner (pero su relato es en parte una ficción o una reorganización dramática) fue Langner, al morir bajo el látigo, quien gritó con su último aliento: 'seréis todos asesinados. No os pueden dejar salir de aquí después de lo que habéis visto'."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 184.

miércoles, 4 de agosto de 2010

"Se ha dicho que la respuesta guarda relación con la parálisis psicológica, con la absoluta incapacidad que tiene una mente 'normal' para imaginar, y por consiguiente conceder crédito eficaz, a las enormidades de la circunstancia y la necesidad. Incluso aquellos -y debieron ser pocos- que alcanzaron a creer que las noticias procedentes de Europa oriental eran auténticas, que millones de seres humanos estaba siendo metódicamente torturados y gaseados en pleno siglo XX, lo hicieron en un plano abstracto, como cuando damos crédito a un elemento de doctrina teológica o a un hecho histórico sucedido en un pasado remoto. Las creencias no cuentan. Somos homo sapiens pos-Auschwitz porque las pruebas, las fotografías del océano de huesos y empastes de oro, de zapatos infantiles y de manos que dejaban negros arañazos en los muros de los hornos, han alterado nuestro sentido de las acciones posibles. Si volviésemos a oír murmullos procedentes del infierno sabríamos interpretrar las claves; el carácter de nuestras esperanzas se ha vuelto más suspicaz.
·····Éste es obviamente un argumento importante, en particular si lo hacemos extensivo al problema del conocimiento que tenían los alemanes sobre lo que estaba pasando y a la aún más desagradable cuestión de que los judíos aparecieran desprevenidos, incrédulos e incluso, en un cierto sentido pasivo o metafórico, anuentes con la masacre. La tierra de Treblinka contenía, en un rincón del campo, 700.000 cadáveres, 'con un peso aproximado de 35.000 toneladas i un volumen de 90.000 metros cúbicos'."
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George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 182-183.
"En el falso andén de estación de Treblinka, alegremente pintado y provisto de jardineras para no alertar a los recién llegados e impedirles sospechar la existencia de cámaras de gas a menos de un kilómetro, el pintado reloj de pared marcaba las tres. Siempre."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 180-181.
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[Nota: En el espacio escénico un reloj marca invariablemente las tres.]
"Precisamente a la misma hora en que Mehring o Langner eran conducidos a la muerte, la abrumadora pluralidad de los seres humanos, a tres kilómetros de distancia en las granjas polacas, a ocho mil kilómetros en Nueva York, estaba durmiendo o comiendo o yendo al cine o haciendo el amor o preocupándose por el dentista. Aquí es donde mi imaginación rehusa seguir adelante. Los dos órdenes de experiencias simultáneas son tan diferentes, tan irreconciliables con cualquier norma común de valores humanos, su coexistencia es una paradoja tan horrorosa -Treblinka existe tanto por el hecho de que algunos hombres lo han construido como por el hecho de que la práctica totalidad de los demás lo han permitido-, que me devano los sesos con el tiempo. ¿Existen, como presupone la ciencia ficción y la especulación gnóstica, distintos tipos de tiempo en un mismo mundo, 'buenos tiempos' y capas envolventes de tiempos inhumanos, en los que los hombres caen en las pesadas manos de la condenación de la vida?
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George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 180.
"Dos pasajes al azar: el primero de Scroll of Agony: The Warsaw Diary of Chaim Kaplan, el segundo de Jean-François Steiner titulado Treblinka:

Un rabino de Lodz fue obligado a escupir sobre un rollo de la Tora que estaba en la Sagrada Arca. Temiendo por su vida, obedeció y profanó lo que es sagrado para él y para su pueblo. Al poco rato, dejó de tener saliva, su boca estaba seca. A la pregunta de los nazis, que querían saber por qué había dejado de escupir, el rabino repuso que su boca estaba seca. Entonces el hijo de la 'raza superior' comenzó a escupir en la boca del rabino, y éste siguió escupiendo sobre la Tora.

Pese a todas las preocupaciones adoptadas por sus amigos, el profesor Mehring fue sacado de las filas durante el pase de lista. Cuando el pelotón de los castigados, al realizar su 'ejercicio' comenzó a menguar en número, el profesor Mehring tuvo un rapto de extraordinaria voluntad de vivir y comenzó a correr como un loco. 'Lalka' lo observó y, cuando ya había caído la cuarta parte de los prisioneros, hizo que el 'ejercicio' prosiguiera para ver cuánto tiempo podría aguantar el anciano, que corría a unos cuantos metros por detrás de los demás.
·····Gritó: -Si les alcanza le perdono la vida.
·····Y dio la orden de azotar a los supervivientes.
·····Los supervivientes vacilaron y disminuyeron el ritmo para ayudar al profesor. Pero los latigazos redoblaban en intensidad, haciéndoles tropezar, destrozando sus ropas, cubriendo de sangre sus rostros. Cegados por la sangre, tambaleándose por el dolor, volvieron a acelerar. El profesor, que había ganado un poco de terreno, los vio distanciarse nuevamente de él y echó los brazos hacia delante, como si quisiera agarrar a los demás prisioneros, como si les implorara. Tropezó una vez, luego otro; su cuerpo torturado parecía desgarrarse; intentó recuperar el equilibrio una vez más, y después, de repente, se puso rígido y cayó al suelo. Cuando los alemanes se acercaron, vieron un hilo de sangre que salía de su boca. El profesor Mehring estaba muerto.

·····De hecho, había sido bastante afortunado: no fue colgador por los pies y azotado hasta morir como Langner, con unos latigazos espaciados de modo que no muriese sino al caer la tarde. No fue arrojado vivo al horno crematorio. No fue ahogado, como lo fueron muchos, por lenta inmersión en orina y excrementos. Y, tal vez, no tuvo que ahorcar a su hijo con sus propias manos, por la noche, en el barracón, para evitarle nuevas torturas por la mañana."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 179-180.
"Los judíos europeos aprendían los idiomas con rapidez; a menudo tenían que hacerlo conforme iban desplazándose. Sin embargo, podía esquivarnos el sentimiento final de 'hallarnos en casa', esa inconsciente e inmemorial intimidad que un hombre tiene con su lengua materna, similar a la que tiene con las piedras, la tierra y las brasas de su casa. De ahí las particulares estrategias de los dos mayores escritores judíos europeos. El alemán de Heine, tal como ha señalado Adorno, es un lenguaje brillantemente personal y europeo en el que su fluido conocimiento del francés ejercía una presión constante. Kafka escribía el alemán como si fuese todo espinas, como si ninguna de las envolventes texturas de los giros coloquiales, de las insinuaciones históricas y regionales, le hubieran estado permitidas. Utilizaba cada palabra como si la hubiera adquirido a un alto interés. Muchos grandes actores son o han sido judíos. El idioma pasaba a su través, y ellos le daban forma casi demasiado bien, como si fuera un tesoro adquirido, no inalienable. Esto también puede resultar pertinente en el caso de la excelencia judía en la música, la física y las matemáticas, cuyos lenguajes son internacionales y constituyen códigos de designación pura."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 175.
"En voz baja, los judíos preguntaban a su amable vecino: 'Si usted lo hubiera sabido, ¿habría gritado ante Dios y antes los hombres que ese horror debía cesar? ¿Habría hecho usted algún esfuerzo para sacar de allí a mis hijos? ¿O habría planeado una excursión de esquí a Garmisch?' El judío es un reproche viviente."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 174.
"En la época en que eran exterminados 9.000 judíos al día, ni la R.A.F. ni las Fuerzas Aéreas estadounidenses bombardearon los hornos o trataron de volar los campos (como los Mosquitos, en vuelo rasante, habían abierto de par en par una prisión de Francia para liberar a los agentes del maquis). Pese a que los judíos y los polacos de la clandestinidad lanzaron súplicas desesperadas, aunque la burocracia alemana llevaba con muy poco secreto el hecho de que la 'solución final' dependía del transporte ferroviario, las vías que conducían a Belsen y Auschwitz no fueron bombardeadas. ¿Por qué? Se planteó la pregunta a Churchill y a Tedder. ¿Ha habido una respuesta adecuada? Cuando la Wehrmacht y las Waffen SS entraron en tropel en Rusia, la inteligencia soviética se percató rápidamente de la matanza en masa de los judíos. Stalin prohibió todo anuncio público del hecho. Aquí, una vez más, las razones son oscuras. Tal vez no desease la reactivación de una conciencia judía independiente; tal vez temiese un referencia implícita a sus propias políticas antisemitas. Fuera cual fuese la causa, muchos judíos que pudieron haber huido hacia el Este permanecieron ignorantes en la retaguardia. Más tarde, en Ucrania, las bandas locales ayudaron a los alemanes a acorralar a quienes se escondían en sótanos y bosques."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 173-174.
"En uno de los más viles episodios de la historia moderna, el ejército y la policía del apaciguamiento europeo y del totalitarismo europeo colaboraron en la entrega de los judíos. Los franceses entregaron a la Gestapo a los que habían huido de España y Alemania. Himmler y el G. P. U. intercambiaron los judíos antiestalinistas y antinazis para que se los siguiera torturando y eliminando. Uno piensa en Walter Benjamin -uno de los más brillantes representantes del humanismo radical-, que se suicidó para que la guardia de fronteras francesa o española no lo entregara a las SS invasoras; en Buber-Neumann, cuya viuda fue prácticamente acosada hasta la muerte por delegados estalinistas en el interior de un campo de concentración nazi; en otro buen número de personas atrapadas entre los cazadores nazis y los estalinistas (las memorias de Vict0r Serge terminan con la relación de sus distintas y espantosas muertes). Esta bestial componenda e intercambio fronterizo habla elocuentemente de la decisión de perseguir a los judíos hasta expulsarlos de la historia europea. Pero también habla de la peculiar dignidad de este tormento. Quizá podamos definirnos a nosotros mismos de este modo: los judíos son un pueblo al que la barbarie totalitaria escoge necesariamente como objeto de su odio."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 172.

martes, 3 de agosto de 2010

"Habiendo llegado con muy poca antelación a las artes plásticas, y mostrando por ello unas respuestas bellamente libres y empíricas, el gusto judío, disfrazado de comerciante, patrón y crítico, respaldó el impresionismo y el resplandor de lo moderno. A través de Reinhardt y Piscator renovó el teatro; por medio de Gustav Mahler las relaciones entre la música seria y la sociedad. En su época dorada, de 1870 a 1914, y de nuevo en los años veinte, el fermento judío dio a Praga y Berlín, a Viena y París, una concreta vitalidad de sentimiento y de expresión, una atmósfera que era a un tiempo la quintaesencia de Europa y la quintaesencia de lo 'excéntrico'. El matiz humorístico es objeto de una delicada burla, y se vuelve memorable en el agitado hedonismo, en la erudita urbanidad del Swann de Proust.
·····Casi nada de esto sobrevive. Eso es lo que hace que mi propia y casi involuntaria identificación con todo ello sea una circunstancia tan vaga. Los judíos europeos y sus intelectuales quedaron atrapados entre dos oleadas de asesinatos, nazismo y estalinismo."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 171.
"La relación de los judíos estadounidenses con la historia reciente es sutil y radicalmente diferente de la de los europeos. Por su irrevocabilidad misma, el holocausto justificó cualquier impulso de inmigración previo. Todos los que dejaron Europa para establecer las nuevas comunidades judías de Estados Unidos vieron terriblemente confirmado su acierto. El soldado judío que fue a la Europa de sus padres partió mejor armado y provisto de una mayor eficacia tecnológica que la de sus letales enemigos. Los pocos judíos que encontró con vida salían de un mundo horroroso pero espectral similar a una pesadilla vivida en una lengua extranjera."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 167.
"El Estado de Israel es innegablemente una parte del legado del asesinato en masa alemán. La esperanza y la voluntad de actuar brota de la capacidad del intelecto humano para olvidar, del instinto de olvido necesario. El judío israelí no puede mirar atrás con excesiva frecuencia; los suyos no han de ser los sueños de la noche sino los del día, los sueños que miran hacia adelante. Dejemos que los muertos entierren a los muertos. La historia de Dios no es suya; tan sólo acaba de empezar. El judío israelí podría decirle a alguien como yo: '¿Por qué no estás aquí? Si temes por las vidas de tus hijos, ¿por qué no los envías aquí y les dejas crecer entre los de su propia raza? ¿Por qué cargarles con tu propio recuerdo del desastre, un recuerdo tal vez literario, tal vez masoquista? Este es su futuro. Tienen derecho a él. Necesitamos todos los cerebros y todo el vigor que podamos reunir. No trabajamos únicamente para nosotros mismos. No hay un solo judío en el mundo que no lleve la cabeza más alta por lo que hemos hecho aquí, por el hecho de que Israel exista'.
·····Cosa que obviamente es cierta. La posición del judío en todas partes se ha alterado un poco, la imagen que tiene de sí mismo aparece nuevamente erguida, porque Israel ha mostrado que los judíos pueden manejar las armas modernas, que pueden hacer volar los aviones a reacción y transformar el desierto en un vergel. Cuando se le apedrea en Argentina o padece burlas en Kiev, el niño judío sabe que existe un rincón de la tierra donde es el amo, donde el fusil es suyo. Si Israel quedase destruido, ningún judío saldría indemne. La conmoción del fracaso, la necesidad y el hostigamiento de los que buscasen refugio llegaría a implicar incluso a los más indiferentes, a los más antisionistas."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 166-167.
"[...] el ortodoxo puede meditar sobre los campos y considerarlos como una antesala de la casa de Dios, como un casi intolerable pero manifiesto misterio de Su voluntad. [...] son parte de la verdad de Dios."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 164.
"Para el firme creyente, la tortura y la masacre de seis millones de judíos es un capítulo -uno solo- del milenario diálogo entre Dios y el pueblo que él ha escogido tan terriblemente."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 164.
"En marzo de 1933, mientras trabajaba en el tercer acto, Schönberg tenía que saber necesariamente que la cultura en la que había forjado su sueño de una música nueva, y para cuyas salas de ópera había concebido su Moisés y Aarón, se encaminaba a la ruina o al exilio -tal como estaba sucediendo con su propia vida.
·····Esto es lo que confiere al final del acto segundo su tremenda autoridad y lógica. Los acontecimientos que ahora iban a producirse en Europa, eran demasiado inhumanos para ese acto definitorio de la conciencia humana que es el discurso. El grito desesperado de Moisés, su desplome en el silencio, es un reconocimiento -como el que encontramos también en Kafka, en Broch, en Adamov- de que las palabras nos han fallado, de que el arte no puede ni detener la barbarie ni expresar la experiencia cuando la experiencia se vuelve inexpresable. De este modo, Moisés y Aarón, a pesar de su formal estado incompleto, es una obra de maravilloso carácter acabado. No había más que decir."
George Steiner. "Moisés y Aarón, de Schönberg". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003; pág. 161.
"Nos asalta la sospecha, cimentada por varios quilates de fineza histórica, de que el nazismo sacó del judaísmo el dogma de la 'raza escogida' y de un nacionalismo milenario y mesiánico. Eso se ve en la macabra lectura que hizo Hannah Arendt del 'sionismo' de Eichmann, y en la persistente creencia o alegato de que ciertos jerifaltes nazis -Heydrich, Rosenberg, incluso el mismo Hitler- tenían rastros de ascendencia judía."
George Steiner. "Una nota acerca de Günter Grass". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 131.
"Probablemente muchos alemanes no sepan los verdaderos detalles del exterminio. [...] Pero cuando los vecinos de al lado eran detenidos o cuando los judíos, con su estrella amarilla en las vestiduras, eran desalojados de los refugios durante los bombardeos y obligados a permanecer en las calles humeantes y sin protección, sólo un ciego idiota podía haber ignorado lo que pasaba."
George Steiner. "El milagro hueco". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 127.

"Hubo muchísimos alemanes que apenas sí tenían oscura noticia de lo que pasaba o podía pasar fuera del ámbito de sus casas. Las zonas rurales y los municipios más pequeños y remotos sólo se dieron cuenta de la realidad durante los últimos meses de la guerra, cuando el frente se iba acercando a ellos. Pero una inmensa cantidad sí lo sabía. Wiechert escribe su largo viaje a Buchenwald en los días relativamente idílicos de 1938. Cuenta que el gentío les rodeaba en las diversas paradas para burlarse y escupir a los judíos y a los presos políticos que iban encadenados en los furgones de la Gestapo. Cuando los trenes de la muerte comenzaron a recorrer Alemania durante la guerra, la atmósfera se espesó con los estertores de la agonía. Los trenes aguardaban en las vías muertas de Múnich antes de entrar en Dachau, no muy lejos de allí. En el interior de los vagones sellados hombres y mujeres y niños enloquecían a causa del miedo y la sed. Pedían a gritos aire y agua. Gritaban durante toda la noche. La gente de Múnich oía los gritos y hablaba entre sí. De camino a Belsen, un tren hizo una parada en alguna parte del sur de Alemania. Los prisioneros fueron obligados a correr de un extremo a otro del andén y un individuo de la Gestapo soltó a su perro con el grito: '¡Hombre, atrapa a esos perros!'. Un buen puñado de alemanes estaba allí cerca observando aquel deporte. Hay más descripciones de incontables casos semejantes."
George Steiner. "El milagro hueco". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 127.
"Algunos de los escritores que se quedaron en Alemania practicaron una resistencia pasiva. Uno de esos pocos fue Ernst Wiechert. Pasó un tiempo en Buchenwald y permaneció en aislamiento parcial todo lo que duró la guerra. Enterraba en el jardín lo que escribía. Estaba en constante peligro, pero estaba empeñado en que Alemania no pereciera sin una voz que contara sus sufrimientos. Lo hizo para que los hombres honrados que habían huido y aquellos otros que sobreviviesen superan lo que había ocurrido mientras tanto. En El bosque de los muertos nos ha dado un informe sosegado y breve de lo que vio en el campo de concentración. Sosegado porque purgó el horror de los hechos al convertirlos en verdad escueta. Vio que los judíos eran torturados hasta morir bajo inmensas cargas de piedras o maderos (cada vez que se paraban para respirar eran azotados hasta que caían muertos). En cierta ocasión advirtió que tenía llagas en el brazo; le pusieron una venda y sanó. Sin embargo, el oficial médico del campo no habría tocado a los judíos ni a los gitanos ni siquiera con guantes 'para que el hedor de su carne no le infectara'. De modo que morían así, aullando por los dolores de la gangrena o perseguidos y cazados por los perros policía. Wiechert vio esas cosas y las escribió. Al final de la guerra desenterró el manuscrito y lo publico en 1948. Pero ya era demasiado tarde."
George Steiner. "El milagro hueco". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 125-126.
"Los nazis estaban demasiado ansiosos por asegurarse el lustre de la presencia de Thomas Mann y el prestigio que esa misma presencia habría dado a la vida cultural del Reich. Pero Mann no se quedó. Y la razón consistió en que Mann sabía exactamente lo que le estaba ocurriendo al idioma alemán y que sólo en el exilio podía salvar al idioma de la ruina final. Cuando emigró, los académicos sicofantes de la Universidad de Bonn le privaron de su doctorado honorífico. En su famosa carta abierta al decano, Mann explicó que quien se servía del alemán para comunicar verdades o valores humanos no podía permanecer en el Reich de Hitler:

'Grande es el misterio del lenguaje; la responsabilidad ante un idioma y su
pureza es de cualidad simbólica y espiritual; responsabilidad que no lo es meramente en sentido estético. La responsabilidad ante el idioma es, en esencia, responsabilidad humana [...] ¿Debe guardar silencio un escritor alemán, que es responsable del idioma porque lo usa cotidianamente, guardar absoluto silencio ante todos los males irreparables que se han cometido y se cometen día tras día, especialmente si ello tiene lugar en el propio país, contra el cuerpo físico, el alma y el espíritu, contra la justicia y la verdad, contra la humanidad y el individuo?'
Mann tenía razón, naturalmente. Pero el precio de semejante integridad es inmenso para un escritor."
George Steiner. "El milagro hueco". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 122.
"Poco a poco las palabras perdían su significado original y adquirían acepciones de pesadilla. Jude, Pole, Russe vinieron a significar piojos con dos patas, bichos pútridos que los maravillosos arios debían aplastar 'como cucarachas que corren por una pared mugrienta', como decía un manual del partido. 'La solución final', endgültige Lösung, acabó por significar la muerte de seis millones de seres humanos en los hornos crematorios."
George Steiner. "El milagro hueco". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 120.
"Uno de los horrores peculiares de la era nazi fue que todo lo que ocurría era registrado, catalogado, historiado, archivado; que las palabras fueron forzadas a que dijeran lo que ninguna boca humana habría debido decir nunca y con las que ningún papel fabricado por el hombre debería haberse manchado jamás. Es nauseabundo, casi intolerable recordar lo que fue hecho y hablado, pero es necesario hacerlo. En las mazmorras de la Gestapo, los estenógrafos (por lo común mujeres) registraban cuidadosamente los ruidos del temor y la agonía arrancados a la voz humana retorcida, incinerada o apaleada. Las torturas y experimentos practicados en seres vivos en Belsen y Matthausen eran anotados con exactitud. Las disposiciones reguladoras del número de palos que se impartía en los pabellones de castigo de Dachau eran puestas por escrito. Cuando los rabinos polacos eran obligados a limpiar las letrinas con las manos y la lengua, estaban presentes oficiales alemanes que tomaban apuntes del hecho, lo fotografiaban y ponían glosas al pie de las fotografías. Cuando los guardias de las SS separaban a las madres de los hijos en la entrada de los campos de la muerte no lo hacían en silencio. Por el contrario, anticipaban los inminentes horrores con estentóreos zurridos: Heida, heida, juchheisassa, Scheissjuden in den Schornstein!"
George Steiner. "El milagro hueco". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 119-120.

domingo, 30 de mayo de 2010

"El antisemitismo, una ideología secular decimonónica -cuyo nombre, aunque no su argumentación, era desconocido hasta la década de los años setenta de ese siglo- y el odio religioso hacia los judíos, inspirado por el antagonismo recíprocamente hostil de dos credos en pugna, es evidente que no son la misma cosa; e incluso cabe poner en tela de juicio el grado en que el primero deriva sus argumentos y su actractivo emocional del segundo."
Hanna Arendt: Los orígenes del totalitarismo. Santillana Ediciones Generales S.L., Madrid, 2004, pág. 13.
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"Históricamente, el hiato entre el último período de la Edad Media y la Edad Moderna, con respecto a las cuestiones judías resulta aún más marcado que la grieta entre la Antigüedadn romana y la Edad Media o que el golfo -considerado frecuentemente como el punto decisivo de la Historia judía de la Diaspora- que separó las catástrofes de las primeras Cruzadas de los precedentes siglos medievales. Porque este hiato duró casi dos siglos, desde el XV a finales del XVI, durante los cuales las relaciones entre judíos y gentiles fueron siempre escasas, la 'indiferencia de los judíos a las condiciones y acontecimientos del mundo exterior' fue en todo momento considerable y el judaísmo llegó a ser 'más que nunca un sistema cerrado de pensamiento'. Fue entonces cuando los judíos, sin ninguna intervención exterior, empezaron a pensar 'que la diferencia entre la judería y las naciones no era fundamentalmente de credo y de fe, sino de naturaleza interna', y en cuanto a la antigua dicotomía entre judíos y gentiles era 'más probable que fuese racial en su origen que no que se tratara de una cuestión de disensión doctrinal'. Este cambio en la estimación del carácter aparte del pueblo judío, que entre los no judíos se hizo frecuente sólo mucho después, en la época de la Ilustración, es claramente la condición sine qua non para el nacimiento del antisemitismo, y resulta de alguna importancia señalar que se produjo precisamente en la interpretación que los judíos hicieron de sí mismos, aproximadamente en el tiempo en que la cristiandad europea se escindía en aquellos grupos étnicos que cuajaron en el sistema de las modernas Naciones Estados."
Hanna Arendt: Los orígenes del totalitarismo. Santillana Ediciones Generales S.L., Madrid, 2004, pág. 14.