miércoles, 4 de agosto de 2010

"Dos pasajes al azar: el primero de Scroll of Agony: The Warsaw Diary of Chaim Kaplan, el segundo de Jean-François Steiner titulado Treblinka:

Un rabino de Lodz fue obligado a escupir sobre un rollo de la Tora que estaba en la Sagrada Arca. Temiendo por su vida, obedeció y profanó lo que es sagrado para él y para su pueblo. Al poco rato, dejó de tener saliva, su boca estaba seca. A la pregunta de los nazis, que querían saber por qué había dejado de escupir, el rabino repuso que su boca estaba seca. Entonces el hijo de la 'raza superior' comenzó a escupir en la boca del rabino, y éste siguió escupiendo sobre la Tora.

Pese a todas las preocupaciones adoptadas por sus amigos, el profesor Mehring fue sacado de las filas durante el pase de lista. Cuando el pelotón de los castigados, al realizar su 'ejercicio' comenzó a menguar en número, el profesor Mehring tuvo un rapto de extraordinaria voluntad de vivir y comenzó a correr como un loco. 'Lalka' lo observó y, cuando ya había caído la cuarta parte de los prisioneros, hizo que el 'ejercicio' prosiguiera para ver cuánto tiempo podría aguantar el anciano, que corría a unos cuantos metros por detrás de los demás.
·····Gritó: -Si les alcanza le perdono la vida.
·····Y dio la orden de azotar a los supervivientes.
·····Los supervivientes vacilaron y disminuyeron el ritmo para ayudar al profesor. Pero los latigazos redoblaban en intensidad, haciéndoles tropezar, destrozando sus ropas, cubriendo de sangre sus rostros. Cegados por la sangre, tambaleándose por el dolor, volvieron a acelerar. El profesor, que había ganado un poco de terreno, los vio distanciarse nuevamente de él y echó los brazos hacia delante, como si quisiera agarrar a los demás prisioneros, como si les implorara. Tropezó una vez, luego otro; su cuerpo torturado parecía desgarrarse; intentó recuperar el equilibrio una vez más, y después, de repente, se puso rígido y cayó al suelo. Cuando los alemanes se acercaron, vieron un hilo de sangre que salía de su boca. El profesor Mehring estaba muerto.

·····De hecho, había sido bastante afortunado: no fue colgador por los pies y azotado hasta morir como Langner, con unos latigazos espaciados de modo que no muriese sino al caer la tarde. No fue arrojado vivo al horno crematorio. No fue ahogado, como lo fueron muchos, por lenta inmersión en orina y excrementos. Y, tal vez, no tuvo que ahorcar a su hijo con sus propias manos, por la noche, en el barracón, para evitarle nuevas torturas por la mañana."
George Steiner. "Posdata". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 179-180.

No hay comentarios:

Publicar un comentario