miércoles, 4 de agosto de 2010

"Los judíos europeos aprendían los idiomas con rapidez; a menudo tenían que hacerlo conforme iban desplazándose. Sin embargo, podía esquivarnos el sentimiento final de 'hallarnos en casa', esa inconsciente e inmemorial intimidad que un hombre tiene con su lengua materna, similar a la que tiene con las piedras, la tierra y las brasas de su casa. De ahí las particulares estrategias de los dos mayores escritores judíos europeos. El alemán de Heine, tal como ha señalado Adorno, es un lenguaje brillantemente personal y europeo en el que su fluido conocimiento del francés ejercía una presión constante. Kafka escribía el alemán como si fuese todo espinas, como si ninguna de las envolventes texturas de los giros coloquiales, de las insinuaciones históricas y regionales, le hubieran estado permitidas. Utilizaba cada palabra como si la hubiera adquirido a un alto interés. Muchos grandes actores son o han sido judíos. El idioma pasaba a su través, y ellos le daban forma casi demasiado bien, como si fuera un tesoro adquirido, no inalienable. Esto también puede resultar pertinente en el caso de la excelencia judía en la música, la física y las matemáticas, cuyos lenguajes son internacionales y constituyen códigos de designación pura."
George Steiner. "Una especie de superviviente". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, pág. 175.

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