martes, 3 de agosto de 2010

"Los nazis estaban demasiado ansiosos por asegurarse el lustre de la presencia de Thomas Mann y el prestigio que esa misma presencia habría dado a la vida cultural del Reich. Pero Mann no se quedó. Y la razón consistió en que Mann sabía exactamente lo que le estaba ocurriendo al idioma alemán y que sólo en el exilio podía salvar al idioma de la ruina final. Cuando emigró, los académicos sicofantes de la Universidad de Bonn le privaron de su doctorado honorífico. En su famosa carta abierta al decano, Mann explicó que quien se servía del alemán para comunicar verdades o valores humanos no podía permanecer en el Reich de Hitler:

'Grande es el misterio del lenguaje; la responsabilidad ante un idioma y su
pureza es de cualidad simbólica y espiritual; responsabilidad que no lo es meramente en sentido estético. La responsabilidad ante el idioma es, en esencia, responsabilidad humana [...] ¿Debe guardar silencio un escritor alemán, que es responsable del idioma porque lo usa cotidianamente, guardar absoluto silencio ante todos los males irreparables que se han cometido y se cometen día tras día, especialmente si ello tiene lugar en el propio país, contra el cuerpo físico, el alma y el espíritu, contra la justicia y la verdad, contra la humanidad y el individuo?'
Mann tenía razón, naturalmente. Pero el precio de semejante integridad es inmenso para un escritor."
George Steiner. "El milagro hueco". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003, págs. 122.

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