domingo, 30 de mayo de 2010

"El antisemitismo, una ideología secular decimonónica -cuyo nombre, aunque no su argumentación, era desconocido hasta la década de los años setenta de ese siglo- y el odio religioso hacia los judíos, inspirado por el antagonismo recíprocamente hostil de dos credos en pugna, es evidente que no son la misma cosa; e incluso cabe poner en tela de juicio el grado en que el primero deriva sus argumentos y su actractivo emocional del segundo."
Hanna Arendt: Los orígenes del totalitarismo. Santillana Ediciones Generales S.L., Madrid, 2004, pág. 13.
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"Históricamente, el hiato entre el último período de la Edad Media y la Edad Moderna, con respecto a las cuestiones judías resulta aún más marcado que la grieta entre la Antigüedadn romana y la Edad Media o que el golfo -considerado frecuentemente como el punto decisivo de la Historia judía de la Diaspora- que separó las catástrofes de las primeras Cruzadas de los precedentes siglos medievales. Porque este hiato duró casi dos siglos, desde el XV a finales del XVI, durante los cuales las relaciones entre judíos y gentiles fueron siempre escasas, la 'indiferencia de los judíos a las condiciones y acontecimientos del mundo exterior' fue en todo momento considerable y el judaísmo llegó a ser 'más que nunca un sistema cerrado de pensamiento'. Fue entonces cuando los judíos, sin ninguna intervención exterior, empezaron a pensar 'que la diferencia entre la judería y las naciones no era fundamentalmente de credo y de fe, sino de naturaleza interna', y en cuanto a la antigua dicotomía entre judíos y gentiles era 'más probable que fuese racial en su origen que no que se tratara de una cuestión de disensión doctrinal'. Este cambio en la estimación del carácter aparte del pueblo judío, que entre los no judíos se hizo frecuente sólo mucho después, en la época de la Ilustración, es claramente la condición sine qua non para el nacimiento del antisemitismo, y resulta de alguna importancia señalar que se produjo precisamente en la interpretación que los judíos hicieron de sí mismos, aproximadamente en el tiempo en que la cristiandad europea se escindía en aquellos grupos étnicos que cuajaron en el sistema de las modernas Naciones Estados."
Hanna Arendt: Los orígenes del totalitarismo. Santillana Ediciones Generales S.L., Madrid, 2004, pág. 14.