martes, 3 de agosto de 2010

"En marzo de 1933, mientras trabajaba en el tercer acto, Schönberg tenía que saber necesariamente que la cultura en la que había forjado su sueño de una música nueva, y para cuyas salas de ópera había concebido su Moisés y Aarón, se encaminaba a la ruina o al exilio -tal como estaba sucediendo con su propia vida.
·····Esto es lo que confiere al final del acto segundo su tremenda autoridad y lógica. Los acontecimientos que ahora iban a producirse en Europa, eran demasiado inhumanos para ese acto definitorio de la conciencia humana que es el discurso. El grito desesperado de Moisés, su desplome en el silencio, es un reconocimiento -como el que encontramos también en Kafka, en Broch, en Adamov- de que las palabras nos han fallado, de que el arte no puede ni detener la barbarie ni expresar la experiencia cuando la experiencia se vuelve inexpresable. De este modo, Moisés y Aarón, a pesar de su formal estado incompleto, es una obra de maravilloso carácter acabado. No había más que decir."
George Steiner. "Moisés y Aarón, de Schönberg". En: Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Editorial Gedisa, Barcelona, 2003; pág. 161.

No hay comentarios:

Publicar un comentario